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Ana Barajas, psicóloga e investigadora: “En psicosis, con el entrenamiento metacognitivo puedes abordar aspectos inalcanzables para otros tratamientos”

La doctora Barajas está realizando prácticas en el Hospital de Día de Enfermedades Neurodegenerativas de Hestia Duran i Reynals. FOTO.- ABV

Ana Barajas Vélez, es psicóloga e investigadora, especializada en población con trastornos psicóticos. Su tesis doctoral en relación a los predictores del inicio de la psicosis, recibió la calificación de Sobresaliente-Cum Laude y la Mención Doctor Europeo, en diciembre de 2015, y tres años más tarde, le fue otorgado el Premio Extraordinario de Doctorado. Cuenta con múltiples publicaciones y contribuciones en congresos nacionales e internacionales, habiendo siendo algunas de ellas premiadas por su calidad científica. En Octubre de 2016 recibió el premio internacional Young Investigator Award.

Además de participar en proyectos de investigación financiados en convocatorias competitivas, a nivel nacional e internacional, es miembro de diversas asociaciones científicas y grupos de trabajo de profesionales del ámbito de ciencias de la salud, entre los que destaca el Grup de Treball de Dona i Salut Mental (GTDiSM). En la actualidad, compagina su actividad docente e investigadora con la realización del Máster de Neuropsicología Clínica Infantil y de Adultos, realizando prácticas supervisadas en el Hospital de Día de Enfermedades Neurodegnerativas del Hospital Hestia Duran y Reynals, donde recientemente dirigió una sesión clínica sobre entrenamiento metacognitivo en psicosis.

P.-¿En qué consiste el entrenamiento metacognitivo (EMC)?

El EMC está basado en los fundamentos teóricos de la terapia cognitivo-conductual para las psicosis, aunque utiliza un enfoque terapéutico algo diferente. Cabe recordar que el término “psicosis” se utiliza para describir ciertos estados clínicos que se caracterizan por una pérdida de contacto con la realidad. La psicosis altera el pensamiento, la percepción, los sentimientos y la conducta de la persona y el propósito principal del EMC es cambiar la “infraestructura cognitiva” de la ideación delirante. Y para ello pretende aumentar la conciencia sobre los sesgos cognitivos y enseñar a reflexionar sobre ellos, a complementar y cambiar el repertorio de soluciones de problemas. Cuando hablamos de sesgos cognitivos nos referimos a pensamientos equívocos al interpretar los hechos, que pueden condicionar nuestra conducta y nuestra reacción emocional.

P.- ¿Por qué es importante incorporar una herramienta así en el tratamiento de una persona con piscosis?

R.- El EMC supone una herramienta terapéutica de gran relevancia en el plan de tratamiento de las psicosis. Puede abordar aspectos inalcanzables para otros tratamientos, como podría ser su capacidad para alterar la convicción de una creencia, imposible de modificar a través de la farmacología. Para ello, trata de reflexionar sobre el propio pensamiento, y los posibles sesgos cognitivos que puedan aparecer, buscando diversas alternativas de respuesta ante una determinada situación. De este modo trata de minimizar la interferencia que la enfermedad puede provocar en el día a día y, de ese modo, pretende hacer más funcional a los/las pacientes. En definitiva, el objetivo final de estos tratamientos es aliviar los síntomas y alcanzar el mayor grado de autonomía personal con el menor grado de recursos asistenciales, familiares y comunitarios.

P.- ¿Qué aspectos concretos se trabajan en el entrenamiento metacognitivo?

R.- Desde el EMC se abordan distintos estilos de pensamiento problemáticos reconocidos como posibles contribuyentes al desarrollo de delirios, como son: distorsiones en el estilo atribucional, salto a conclusiones, sesgo hacia las evidencias disconfirmatorias, incapacidad de tomar perspectiva o empatizar con otros, exceso de confianza en los errores de memoria, y patrones cognitivos depresivos.

P.- ¿Con qué otras herramientas o tratamientos se puede combinar?

R.- Lo habitual es encontrar un plan de intervención en el que convivan el tratamiento farmacológico y alguna/s terapia psicológica. Entre las intervenciones psicoterapéuticas que han probado su eficacia científica encontramos la TCC, la RHB neurocognitiva, el entrenamiento en HHSS o la intervención familiar. Recientemente, en un ensayo clínico dirigido por la Dra. Ochoa y en el que he participado como terapeuta, el EMC ha demostrado ser eficaz en las psicosis de inicio reciente: mejora el insight cognitivo (auto-certeza), los sesgos cognitivos, en concreto el ‘jumping to conclusions’ y creencias irracionales (intolerancia a la frustración).

P.- ¿Cuáles son los beneficios de esta técnica vs. otros tratamientos psicológicos?

R.- Desde mi opinión, se trata de una herramienta terapéutica que permite alejar al paciente de la visión enfermo-no enfermo y situarlo en una línea continua en la que todos podemos encontrarnos. En las sesiones de terapia los pacientes logran trabajar la patología sin sentirse enfermos, partiendo de una base normalizadora, con la idea de que los sesgos cognitivos pueden aparecer de forma benigna. Ofrece la oportunidad para reflexionar sobre cómo piensan y no tanto acerca de los síntomas, ejercicio que en muchas ocasiones no habían hecho de forma previa.

P.- ¿Cuál es la opinión de los pacientes sobre esta herramienta?

R.- Los/las pacientes que finalizan la terapia (una gran proporción) acostumbran a mostrarse satisfechos con la herramienta, ya que les permite ser más flexibles y ampliar su abanico de alternativas de respuesta, reflexionar sobre cómo acostumbran a abordar determinadas situaciones del día a día, ser capaz de preguntarse así mismo si están interpretando la situación como corresponde, etc.

P.- ¿Podría aplicarse a otro tipo de pacientes?

R.- El principal grupo diana para el EMC son pacientes con un trastorno del espectro psicótico (que hayan presentado o presenten síntomas psicóticos). También es apropiado para pacientes con otros diagnósticos, como por ejemplo, trastorno depresivo mayor, TOC, TLP, existiendo material específico de cada uno de ellos.

P.- ¿Con qué dificultades se enfrenta el profesional sanitario a la hora de diseñar herramientas como el EMC para ofrecer una mejor atención a los pacientes psicóticos? 

R.- Uno de los mayores obstáculos a la hora de ofrecer herramientas eficaces para esta población es la falta de financiación de proyectos de investigación destinados a valorar la eficacia de estas nuevas herramientas clínicas.

P.- ¿ Y a la hora de implementarlas?

R.- En cuanto a la implementación del EMC, el mayor obstáculo probablemente se deba a la falta de adherencia al tratamiento en este tipo de población. No obstante, el EMC suele ser bastante atractivo para los/las pacientes y una vez inician el tratamiento los abandonos suelen ser escasos. Otro de los aspectos a tener en cuenta es que resulta sumamente compleja la transferencia de los aprendizajes a la vida real,  cómo hacer uso de nuevas estrategias más funcionales. Por otro lado, se trata de una población que no acostumbra a ser demasiado participativa y le cuesta compartir sus experiencias en grupo. No obstante, ayuda que nosotros como terapeutas podamos compartir alguna experiencia vivida en relación al tema que nos ocupe en esa sesión.

P.- Teniendo en cuenta estas dificultades, ¿hacía dónde va el futuro de esta herramienta?

R.- En la actualidad se están desarrollando nuevos ensayos clínicos para probar su eficacia a nivel individual, así como su adaptación a otras poblaciones. La idea es poder generalizar su implementación en todo el territorio español, de manera que el EMC se convierta en una de las herramientas terapéuticas de primera elección en esta población diana.

 

 

 

 

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